Antón, no pierdas el son.

004 Siete mantas

¡Hola de nuevo!.

El otro día mamá y papá me llevaron a ver a Esther. Al principio no entendí de qué iba la cosa, ya que Esther es conocida como Ladrona de momentos y no acababa yo de pillar la idea.

Estuvimos un buen rato allí mientras me hacía fotos en un montón de posturas, con distinta ropa… La verdad es que mucho de lo que vivimos allí me lo contaron mamá y papá después, a mí me dio un poco de sueño y me eché un buen pigazu.

El caso es que en una de esas me entraron ganas de hacer pis; yo intenté avisar de lo que se nos venía encima más que nada porque no tenía el pañal puesto y estaba sobre una especie de mesa muy blandita y amorosa; lo que papá llamaría afayaíza.

Pues nada, estos tres que no se enteran de la misa la media así que me dispongo a relajar esfínter y que sea lo que dios quiera.

Menuda liada, creo que fue una de mis mayores meadas hasta entonces, tanto que empapé las siete mantas que hacían de aquella mesa un lugar perfecto para dormir.

Esther mola mucho, se lo tomó a bien y aún así ¡me dio un beso! Qué ganas tenemos de ver las fotos.

Esto me recuerda un día que fui a ver a Julio, el enfermero de mi pediatra; el hombre estaba empeñao en que tenía que engordar a lo loco y me mandaba ir a pesarme con relativa frecuencia. Como mamá y papá estaban preocupados decidí echarles un cable y retener aquel día las deposiciones todo lo que pude.

Pero claro, todo tiene un límite… así que en cuanto tomó nota del peso y mamá me puso el pañal… menudo barrizal.

Creo que me llevé por delante los gramos que había ganado…

Bueno, xente, hasta más leer.

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