¡Hola a todos!.
Hoy fue uno de esos días que presta pola vida.
Y es que salimos mamá, papá y yo a dar una vuelta a media mañana; teníamos un ratín sin nada que hacer mientras me entraban las ganas de llenar el banduyu.
Y ¿sabéis qué? Nos encontramos con mi primo Jaime. ¡Como molan estas sorpresas! Creo que papá y mamá ya contaban con ello y no me dijeron nada para darnos una sorpresa a Jaime y a mí.
Por cierto, papá le cambió el nombre a Jaime, lo llama Pitín.
Estuvimos dando un paseo juntos, bueno, ellos paseaban pero yo todavía no sé caminar… aunque no me importa porque Jaime vino a verme cada poco. Me prestó mucho cuando vino a cogerme de la manina.
Me flipa tener un primín un poco mayor que yo, seguro que me cuida mucho y me enseña todas esas cosas que él ya sabe. ¡Qué ganas tenemos de jugar juntos! Jaime tiene otro primín así como yo, se llama Lucas. A ver si nos conocemos pronto y hacemos planes para jugar en el parque o algo.
Tuvimos que marchar pronto para casa porque a mí me dio la fame y en esos momentos reconozco que me pongo un poco repunante. Si no me hacen caso pronto me pongo a llorar para meter un poco de prisa.
Lo mejor de tener un primo mayor es que está pendiente de mí todo el rato; no había casi ni empezado a llorar cuando vino corriendo a consolarme: «Antón, no llores» me dijo.
Bueno, xente, seguimos…