Recién llegado a esta vida de locos lo que más presta es conocer gente.
Nada más subir a la habitación con mamá y papá empiezan a llegar los güelitos, los tíos… y se abre la veda. En el hospital es verdad que ya no va mucha gente, dice papá que desde la COVID la gente se lo piensa más.
Hubo un señor que me dio un susto tremendo… ¡vino vestido como los que estaban en el paritorio! Nada más verlo papá le sonrió: «Hola Doc»; ya noté que eran amigos. Se me pasó el susto rápido y ¡hasta quiso que nos hiciesen una foto juntos!
Bueno, eso de las fotos lo gestiona mamá ;D
Me gusta conocer gente, sobre todo porque me dicen que soy muy guapo je, je, je, y eso mola.
Pero de toda la gente que conocí hubo dos personas que me hizo mucha más ilusión. Papá y mamá estaban emocionadísimos: mi primo Jaime y Tatá.
Jaime me llevó un rato de la mano y todo (mirad que foto más chula con papá) y Tatá me cantó nuestra canción mientras me sonreía. ¡Cómo me gusta la sonrisa de Tatá!
Bueno, os dejo. Otro día os cuento más cosas.